"Sucederá también con el reino de los cielos como con un hombre que, estando a punto de irse a otro país, llamó a sus empleados y les encargó que le cuidaran su dinero. A uno de ellos le entregó cinco mil monedas, a otro dos mil y a otro mil: a cada uno según su capacidad. Entonces se fue de viaje. El empleado que recibió las cinco mil monedas hizo negocio con el dinero y ganó otras cinco mil monedas, el mismo modo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil. Pero el que recibió mil fue y escondió el dinero de su jefe en un hoyo que hizo en la tierra."
Mateo 25:14-30
Estaba yo parado esperando el micro. Era sábado
Un señor estaba junto a mi en la parada del micro y me dijo: joven, disculpe que lo moleste, pero me acaban de asaltar y me quitaron mi camioneta y mi mercancia. Y no tengo como regresarme a mi pueblo. Viene mi hija conmigo, préstame lo qué usted pueda, para juntar para mí camión.
Yo le di 400 pesos que traía... El señor se hizo más rogón y me dijo si no tenía un poco más... termine dándole 600 pesos que era todo lo que traía... Bueno en realidad yo traía como 100 pesos adicionales, que no le di.
Entre los 400 y los 200 pesos adicionales una señora que también estaba allí me dijo: personas cómo usted ya no hay. En total le di 600 pesos, en esa época era la tercera parte de mi quincena.
El señor me dijo que apenas llegara a su pueblo me los iba a devolver, me dio su teléfono y su nombre.
Le hable al día siguiente y al siguiente y hoy, veinte años después no me ha regresado ese dinero. Pero me di cuenta de ello sólo tres días después de que le di el dinero, es decir, SÍ le creí, al menos por esos tres días pensé que en verdad me lo iba a regresar, !caray!, era un hombre desesperado porque lo habían asaltado, hasta llevaba a su hija, además había otra mujer parada allí también . Sentí que me habían visto la cara, ese hombre, su supuesta hija y la otra mujer me habían visto la cara de pendejo y me sentí mal.
En otra ocasión, iba yo viajando en el metro, recuerdo que era la estación Copilco y un hombre robusto, moreno, con una barba de 3 o 4 días se subió al vagón del metro. *Llorando* nos dijo que su hijo había muerto, que estaba en el SEMEFO (servicio médico forense) y que no tenía dinero para reclamar el cuerpo de su pobre hijo... en ese entonces todavía era "estudihambre" y le dí 20 pesos, era lo de toda una semana de viajes en el metro para ir a la universidad.
Lo extraño es que una semana después volví a ver a ese hombre en el metro, el mismo de hacía una semana, con el mismo discurso de su hijito en el SEMEFO. NO, ya no le di dinero.
Siempre me he preguntado por qué hay gente así, qué me ve la cara de pendejo. Por qué, si ellos pueden trabajar, estudiar, esforzarse o lo que sea, ¿por qué eligen aprovecharse de otras personas?, ¿a caso no les da vergüenza o pena de hacer eso?
Hoy me di cuenta que esas personas no hacen eso por maldad por ser aprovechados (unos tal vez si), lo hacen porque en verdad lo necesitan, están tan desesperados que piensan que no pueden o no saben o no conocen como hacer otra cosa.
Pero más aún, me doy cuenta de que yo estoy "del otro lado" de las personas que pueden ayudar y no de ese lado que lo necesitan
Y que Dios nos ayuda a todos, a todos.
Me siento, quizá, un poco decepcionado. Pero como decía mi abuela Dios da y Dios quita. A mi me ha dado mucho.
Eso me recuerda la parabola de Jesús que cite en la epígrafe : "...El primer siervo invierte el dinero y gana otros cinco talentos. El segundo siervo hace lo mismo y gana otros dos talentos. El tercer siervo cava un hoyo en la tierra y esconde el dinero por miedo.
El amo vuelve y pide cuentas. Elogia al primero y al segundo como "siervos buenos y fieles" por duplicar lo recibido y los premia con mayores responsabilidades. Reprende al tercero por ser perezoso y por no haber invertido el dinero, al menos, en el banco para generar intereses. Al siervo inútil le quitan su único talento y se lo dan al que tiene diez, siendo echado fuera. "